Infobaja

Adiós, Pilar

Por Daniel Salinas Basave

La herencia que deja Pilar de Pina en la cultura tijuanense sigue y seguirá rindiendo frutos. Lo terrible es que su vacío no podrá ser llenado. En Tijuana hay demasiados artistas, músicos y escritores. Lo que falta es quien asuma con seriedad y compromiso la labor de acercar y multiplicar las expresiones artísticas entre potenciales públicos como lo hizo Pilar. Se puede decir que ella  profesionalizó la promoción cultural independiente en Tijuana.

Entre pintores y poetas no suele faltar el entusiasmo y los buenos deseos, pero a menudo falta la capacidad organizacional, la visión y la eficiencia. Pilar asumió su labor con total seriedad y se dedicó a abrir caminos y crear espacios desde el Programa Escolar del Cecut hasta la Feria del Libro de Tijuana que durante los años de su coordinación creció hasta consolidarse como el gran evento cultural de la ciudad.

La pasión por los libros es algo que no puede ocultarse y Pilar la irradiaba. Derrochaba y lograba contagiar la emoción por esparcir semillas de lectura y abrir nuevas brechas culturales entre la mata baldía. Combinaba el franco amor por su oficio con una eficiencia ejecutiva de alta empresa.

La conocí a raíz de un editorial que escribí en InfoBaja sobre la Feria del Libro de 2011 que ella coordinaba. Nadie nos presentó. Ella leyó el artículo y me llamó por teléfono. Quedamos de vernos en un café. Me será imposible olvidar lo que me dijo aquella vez: “Me interesa mucho escuchar críticas a la feria desde tu punto de vista como lector. Quiero que nos digas desde tu óptica si hemos fallado y qué cosas se pueden mejorar”. Pilar no quería aplausos ni alabanzas. Quería críticas y deseaba nutrirse de puntos de vista contrastantes para hacer crecer la fiesta de los libros. Créanme que en este mundo cultural no he encontrado gente que tenga el tiempo y la apertura mental para escuchar y Pilar escuchaba y tomaba en cuenta.

Recuerdo bien la Feria del Libro de 2012, la última que coordinó Pilar,  pues yo estaba viviendo temporalmente en la Ciudad de México y por única vez en la vida vine a la feria de mi ciudad en calidad de foráneo a presentar La liturgia del Tigre Blanco. El libro tenía apenas una semana de haber salido en la CDMX. Había muchas cosas en juego que podían fallar, llamé no pocas veces a Pilar para verificar detalles y siempre me trasmitía tranquilidad y puertas abiertas. Su actitud iba orientada al “cómo sí”. Todo salió impecable aquel 31 de mayo. A la fecha puedo decir que por logística, asistencia y venta de libros, es por mucho la mejor presentación que he tenido en una feria tijuanense.

La noticia de su fallecimiento me ha agarrado fuera de base y en frío. Pienso ahora en los mil y un nuevos lectores que se iniciaron en esta pasión inducidos por Pilar, en que el camino de vida vale la pena ser caminado si te entregas a aquello en lo que crees y una vez más el entorno me grita que no hay postergaciones posibles. La vida es hoy y no piensa esperarnos. Grande Pilar.