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Cuando la pantalla escupe Apocalipsis

Por Daniel Salinas Basave 

Cual siniestra bola de cristal la pantallita inteligente escupe cada día y a cada momento el horror del mundo. En ese diminuto paraje de fibra óptica que cabe en la palma de nuestra mano habitan Donald Trump y Kim Jong amenazando con desatar un holocausto nuclear, pero habita también la cabeza cercenada que alguien arrojó a las puertas de un jardín de niños en Playas de Rosarito.

El pequeño Aleph digital nos arroja a cada momento la ya icónica imagen de Mara, violada y asesinada en Puebla luego de abordar por la noche un Cabify y también la fotografía de unos quinceañeros masacrados por el narco en Guerrero. Junto a la galería de horror irrumpen un millón de comentarios, verdades absolutas, teorías conspirafóbicas, chistes, burlas, memes, descalificaciones e insultos de toda clase. 

El infierno habita al otro lado del Pacífico pero también a  la vuelta de la esquina. La muerte cruel repta en los pueblos de Guerrero y en las calles de Tijuana. Mientras escribo estas palabras sigo en vivo la sesión plenaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Trump habla de arrasar Corea del Norte y de romper el acuerdo nuclear con Irán, mientras Emmanuel Macron, el rostro cuerdo del mundo, defiende el multilateralismo y la paz mundial.

También hay altas probabilidades de que en este preciso instante, mientras este párrafo toma forma, alguien esté siendo asesinado en Tijuana dentro de una casa de seguridad o la policía localice un cuerpo desmembrado con su respectivo narcomensaje. Al mismo tiempo, los  “líderes de opinión” que intentan mandar en esa descomunal barra de cantina en que se convierten las redes sociales, se destrozan discutiendo si los hombres tienen derecho a participar en una marcha feminista o si una muestra de indignación es auténtica o actuada. El coro vocifera y perora mientras varios miles de personas intentan reconstruir sus casas y sus vidas luego de sobrevivir a un huracán o a un terremoto y los aspirantes al gran pastel del poder afinan sus estrategias de patraña rumbo al 2018.

Todo esto ocurre en una sola semana en la agonía del verano de 2017 mientras la vida sigue y se arrastra como si pese a todo tuviera algún sentido. Es fácil caer la tentación de creer que el mundo nunca había estado tan podrido, que los jinetes del Apocalipsis ya cabalgan por el Oxxo de la esquina y la humanidad desciende a los más profundos círculos infernales. Muchas veces en otras épocas hemos creído lo mismo. El detalle es que el gran ágora digital multiplica el horror y la estupidez hasta el infinito. También es fácil sentir muchas ganas de apagar esa pantalla y encerrarse en un cuarto a desentenderse del entorno.

En mi caso me gusta tratar de dimensionar este momento observándolo como si fuera yo fuera un historiador que analiza el pasado con un siglo de distancia, de la misma forma que hoy estudiamos la Primera Guerra Mundial. ¿Cómo se  evaluará esta época desde el futuro? ¿Se reirán de nuestro total absurdo? ¿De qué manera dimensionar esta regresión? ¿Habrá futuro para poder considerar estos días como un pasado remoto que desearemos nunca repetir?